El día que busqué mi nombre
Hace unos años, busqué mi nombre en internet.
Encontré más de lo que esperaba. Direcciones, teléfonos viejos, empresas que había olvidado, familiares vinculados. Todo ahí, esperando a cualquiera que quisiera mirar.
No me había dado cuenta de lo fácil que era. Nadie se da cuenta hasta que lo ve.
Y cuando lo ves, hay dos caminos. Aceptarlo —es lo que hay, todos estamos expuestos, qué vas a hacer— o no aceptarlo.
No lo acepté.
No te voy a prometer que tu información desaparece. Nadie puede prometer eso sin mentir. Lo que sí puedo decirte es que hay un Protocolo de Reducción Activa, y que funciona así: identificamos dónde estás expuesto, trabajamos para sacarte de ahí, y monitoreamos cada trimestre para que no vuelvas a entrar. Los resultados dependen de la respuesta de terceros. Que yo no me detenga, eso depende de mí.
Y no me detengo.
No es magia. No siempre es rápido. Pero cada persona que llega pensando que su información está perdida para siempre sale sabiendo algo que no sabía antes: que hay alguien trabajando en que su vida no sea de libre acceso.
Si alguna vez has buscado tu nombre, ya sabes de qué hablo.
— David, Fundador de Escudo Privado
Escudo Privado — Protocolo de Reducción Activa. Resultados basados en respuesta de terceros.